Nos encontramos en 1795. Napoleón Bonaparte acaba de conseguir una victoria épica ante los realistas y contra-revolucionarios que se oponían a la Revolución Francesa. El siguiente escollo en la construcción de su imperio era la invasión de Italia –que conseguirá al año siguiente–.

La contienda fue muy dura, entre otras cosas, porque escaseaban los alimentos y los destacamentos del frente se encontraban debilitados. Consciente de la importancia de tener una tropa bien alimentada, ofreció un premio de 12.000 francos para aquel que inventara alguna forma de mantener los alimentos frescos durante un período de tiempo prolongado.

Primer packaging de conserva creado por Nicolás Appert tras ganar un concurso creado por Napoleón
Primer envase de conserva creado por Nicolás Appert tras ganar un concurso creado por Napoleón

En 1791, Nicolás Appert –un maestro confitero y cocinero francés– había desarrollado un sistema de conservación de alimentos que los mantenía sin perder sus cualidades nutritivas. Básicamente los cerraba herméticamente en frascos de cristal y los hervía a 100 °C, en agua. Vamos, que ponía los tarros al “baño María” de toda la vida y luego los sellaba con alambre y cera.

La cuestión es que dejó por escrito sus avances y tituló la obra como “El arte de conservar durante algunos años todas las sustancias vegetales y animales”. Se la presentó a Napoleón y tras comprobar que funcionaba, le hizo entrega de tan jugoso premio.

En las crónicas periodísticas de la época quedó reflejado el asombro con el que la sociedad acogió el invento: “El señor Appert ha encontrado la manera de detener las estaciones. Con él la primavera, el verano y el otoño viven en botellas como plantas delicadas que el jardinero protege bajo cubiertas de vidrio”.

Primera lata de conservas de hojalata – Primera fábrica de conservas
Primera lata de conservas de hojalata – Primera fábrica de conservas

Lo cierto es que el invento de Appert fue uno de los pilares sobre los que Louis Pasteur coronó la Edad de Oro de la microbiología con su famosa Pasteurización, en 1864. Pero desgraciadamente la patente del invento de Appert quedó en manos de un norteamericano, por lo que Nicolás Appert murió arruinado y en el más duro ostracismo.

Pero volvamos un segundo a 1810. Un francés nacionalizado inglés llamando Peter Durand decidió sumar a la ecuación un invento británico que estaba haciendo estragos al otro lado del Canal de la Mancha… la hojalata. Sí amigos sí, Durand tuvo la ocurrencia de sustituir los tarros de vidrio por las envases de hojalata, dando origen a las “latas de conserva”.

Al igual que otros inventores que hemos visto en Brann –como es el caso de Ladislao Biró con la marca BiC, Durand vendió la patente de las latas de conserva a los ingleses Bryan Donkin y John Hall, quienes crearon la primera fábrica de conservas que se conoce.

Luis Calvo, fundador de la conservera más importante de España
Luis Calvo, fundador de la conservera más importante de España

En este punto vamos a dar un pequeño salto en el tiempo para plantarnos en 1908, en el municipio gallego de Carballo. Ese año nació nuestro auténtico protagonista de hoy: Luis Calvo Sanz, quien con 11 años, hereda con su madre una tienda de ultramarinos que regentaba su padre.

En España corrían tiempos duros. La Guerra Civil y su dramática postguerra obligaron a Luis Calvo a echar el cierre del negocio e ir a Madrid a probar fortuna. En la capital la carne estaba bastante más cara que en su tierra y decidió crear una fábrica de carne enlatada. Justo cuando la fábrica estaba a medio construir, un decreto de Franco prohibió la conserva de carnes y sólo permitió su venta a las carnicerías.

Este traspiés empresarial no le hizo bajar los brazos y volvió a intentar vender productos enlatados, esta vez en Asturias. Y claro, hablar de comida y de Asturias es hablar de fabada. Pues sí amigos, el fundador de Calvo empezó vendiendo fabada en conserva. –Curioso–.

Calvo inventó la primera empacadora de pescado
Calvo inventó la primera empacadora de pescado

La morriña es la morriña y Luis quería estar cerca de casa. En 1940 marchó con su familia a Vigo donde habló con un conservero amigo suyo llamado José Figueroa, quien le inició en el mundo del escabechado de pescado. Calvo se empapó de cómo funcionaba todo, tomaba nota de los procesos, investigaba, escuchaba… hasta que llegamos 1952. Ese año Luis presencia la demostración de una máquina francesa de empaquetar mediante moldes y decide construir la suya propia.

Como buen gallego, la tenacidad y el esfuerzo eran cualidades que Calvo llevaba en su ADN. Y cuatro años más tarde había diseñado una revolucionaria máquina capaz de generar 36 latas de atún por minuto. Sin lugar a dudas una innovación que cambió para siempre la industria conservera española.

Luis tenía claro que la innovación era la mejor forma de mantener el negocio familiar. Entre 1964 y 1978 la compañía introdujo dos novedades pioneras en su época: la primera fue la variedad ““”  –lo que viene siendo el “atún claro” de toda la vida–, que en la actualidad supone el 75% de las latas de atún que se consumen en España.

Calvo lanzó el primer pack de tres latas de atún de Europa
Calvo lanzó el primer pack de tres latas de atún de Europa

Y la segunda novedad tiene que ver con el diseño del packaging, porque Calvo lanzó al mercado el primer pack de tres latas de atún de Europa en formato de lata redonda. Esto supuso un punto de inflexión para la compañía. El resultado fue tan bueno que un año más tarde creó su propia flota pesquera. –Alucinante–. En la actualidad esta flota cuenta con 7 buques atuneros, 2 mercantes y 2 buques de asistencia. –“Casi ná”–.

Antes de acabar tenemos que hablar de la relación de la marca Calvo con la publicidad. Muchos consumidores españoles estamos acostumbrados a las ingeniosas campañas publicitarias del Grupo Calvo y sus impactantes anuncios porque ¿no me digáis que la campaña de “Sacatún” no fue increíble?… con el soniquete de Chimo Bayo. –Fue brutal–.

Pero lo cierto es que las campañas de marketing de Calvo tienen su origen en 1978, y afortunadamente Luis –el fundador– pudo ver su repercusión justo antes de fallecer dos años después. Su aparición en el intermedio televisivo del programa “Un, Dos, Tres…” les hizo dar el salto definitivo entre las conserveras y aumentar sus ventas en un 40%. Que se dice pronto. Desde aquel día Calvo se convirtió en la marca de conservas de atún más reconocida por los consumidores españoles.

Tras salir en el Un, Dos, Tres... el consumo de Calvo creción un 40%
Tras salir en el Un, Dos, Tres… el consumo de Calvo creció un 40%

Al final todo este éxito tiene una lectura en cifras. Y tras más de 75 años de historia, el Grupo Calvo está presente en más de 70 países, cuenta con 4.800 empleados y sigue en continuo crecimiento. Cosa que no es de extrañar después de toda una vida dedicada a la calidad y a la innovación al servicio del consumidor.