Cremallera, cierre, sujetador, cierre eclair, zíper o zipper, podéis llamarla como queráis. Lo cierto es que este pequeño sistema de cierre nos facilita la vida a diario. Objetos como un simple estuche para guardar lápices o un abrigo, cumplen su función gracias a que van provistos de cremallera.

Pero cómo era la vida sin ella. Pues hasta que no se inventó el botón (al rededor del 2000 AC), el sistema de sujeción predominante era amarrar la ropa con cuerdas y costuras que eran muy incómodas. Los vestidos se sujetaban con tripas de animales o huesos que poco a poco fueron reemplazados por broches de barro y metal.

Las posibilidades que daban un botón y un ojal eran de gran valor. De hecho, cuando Colón pisó América los botones de su tripulación terminaron siendo moneda de cambio ya que supuso una revolución para las poblaciones locales. Esto explica por qué llegarían a fabricarse con metales, porcelana o piedras preciosas.

Pero claro… los botones no eran tan eficaces en el calzado. A finales del siglo XIX empezaron a fabricarse botas altas para protegerse del barro y abrochar y desabrochar una docena de botones podía ser una tarea desesperante. Por no hablar de lo doloroso que era llevarlas atadas con cuerdas.

Los padres de la cremallera: Elias Howe y Gideon Sundbäck
Los padres de la cremallera: Elias Howe y Gideon Sundbäck

Esta situación empezó a cambiar en 1851 cuando inventor estadounidense Elias Howe (del que hablamos en Brann cuando vimos la marca Singer) creó un prototipo muy parecido a la cremallera que conocemos hoy y que patentó con el nombre de “cierre para ropa automático y continuo”. Pero como tenía la cabeza colapsada por los problemas judiciales que le estaba causando la patente de la máquina de coser, no comercializó la cremallera.

Tres décadas más tarde, el también inventor estadounidense Whitcomb Judson, desarrolló un cierre que mejoraba sustancialmente el creado por Elias Howe y fue bautizado como Clasp Locker. El objetivo era revolucionar el sector del calzado y para tal fin creó una empresa llamada Universal Fastener Company. Aprovechando que en 1893 la Feria Mundial era en Chicago, presentó allí su cremallera para zapatos. Como os podéis imaginar, la aceptación fue inmediata a pesar de que no era un dispositivo especialmente sencillo de utilizar.

Patente de la primera cremallera, por Gideon Sundbäck
Patente de la primera cremallera, por Gideon Sundbäck

Con el cambio de siglo la empresa de Judson siguió creciendo y en 1906 contrató a un ingeniero eléctrico sueco llamado Gideon Sundbäck. Ya sabéis el porte que tienen los nórdicos (bueno este era feote)… pero fue llegar y la hija del gerente se quedó enamoradita de él. Esto le ayudó a prosperar dentro de la empresa, llegando a ser responsable de diseño. Desde su nuevo puesto desarrolló en 1913 el sistema de cierre que todos conocemos hoy por cremallera.

El invento de Sundbäck daba una solución innovadora a un problema predominante en la industrial del calzado y según iba trascendiendo su existencia más empresas querían usarlo en sus zapatos. La primera de estas empresas fue la compañía B. F. Goodrich, quienes cosieron aquel sistema de cierre en sus botas de goma y lo denominaron por primera vez como Zipper, popularizando este nombre en el mundo anglosajón. Curiosamente al principio la cremallera sólo se utilizaba en botas altas y en las pitilleras de cuero, pero con el tiempo se fue usando en equipajes y sobre todo en ropa de trabajo.

Tadao Yoshida fundador de Yoshida Kogyo Kabushikikaisha (YKK)
Tadao Yoshida fundador de Yoshida Kogyo Kabushikikaisha (YKK)

El siglo XX seguía avanzando y surgieron empresas que fabricaban estos cierres metálicos hasta en Japón. En el país del Sol Naciente, en 1934, un muchachito llamado Tadao Yoshida decidió abrir una tienda de productos de fijación.

Originalmente la compañía se fundó en el distrito de Higashi Nihonbashi de Tokio y su nombre era San-es Shokai, pero tras un incendio y varias fusiones empresariales el negocio cambió de nombre varias veces hasta que se hizo Sociedad Anónima y se denominó Yoshida Kogyo Kabushikikaisha (YKK) en 1946.

Seguramente ésta sea una marca que no os suene de nada y no tenga un logotipo y una identidad visual maravillosa, pero estad seguros que tenéis más de una prenda de vestir con estas tres letras en la cremallera… –¡Mirad, mirad. Estoy hablando en serio!–

El 65% de las cremalleras del mundo son fabricadas por la marca YKK
El 65% de las cremalleras del mundo son fabricadas por la marca YKK

Volviendo a la historia… la Guerra Mundial acababa de finalizar y la presencia americana en Japón comenzó a notarse cada vez más, como vimos cuando analizamos la marca SEGA. Estados Unidos empezó a establecer relaciones comerciales más fuertes con el archipiélago japonés y eso facilitó la llegada de muchas novedades americanas.

Hacía tiempo que Tadao Yoshida fabricaba cremalleras de metal y de plástico pero no eran como las de los americanos. Esto le llevó a tener la “sana intención” de perfeccionar la producción de cremalleras y adueñarse de este peculiar mercado.

Estos son algunos de los tipos de cirre con cremallera de YKK
Estos son algunos de los tipos de cirre con cremallera de YKK

Todo empezó a cobrar forma cuando en 1950 adquirió una máquina americana que permitía la automatización del proceso de fabricación de cremalleras. Hasta entonces todos sus sistemas de cierre eran hechos a mano por lo tanto tenían una calidad inferior en comparación con los automatizados.

Gracias a este sistema YKK pudo controlar cada detalle de la cadena de producción. Producían su propio metal, su propio poliéster y su propio hilo. Básicamente lo hacían todo ellos y no externalizaban nada, al revés, si necesitaban teñir las cremalleras, abrían su propio taller de pintura para poder controlar cada fase de la producción.

Pero los que sois habituales a Brann ya sabéis que estos números no se consiguen porque sí, normalmente detrás de ellos suele haber un cerebro brillante que hace que todo funcione a las mil maravillas. En este sentido hay que poner en valor la destreza de gestión empresarial de Tadao Yoshida.

Sede de YKK en Indonesia
Sede de YKK en Indonesia

La peculiaridad de su forma de regir la compañía consistía en repartir equitativamente todos los beneficios entre sus empleados y clientes. De esta forma todos participaban del éxito de la marca y se involucraban personalmente en ella. Salvando las distancias, esto recuerda un poco al sistema de cooperativas vascas, pero realmente es algo que se suele dar en Japón, sino recordad cuando os contamos la historia de la marca en activo más antigua del mundo… la posada Keiunkan.

En cualquier caso, y a modo de cierre de este capítulo, tenemos que decir que el éxito de YKK lo reflejan muy bien sus cifras. En 1989 dominó el 90% del mercado japonés de cremalleras y el 65% de las ventas mundiales. No, los datos no están mal… es que Japón produce el 90% de estos sistemas de cierres. Si lo traducimos a cremalleras estamos hablando de más de 7.000 millones al año.